martes, 22 de mayo de 2012
Gloria y miseria de la imaginación
Diplomado en Derecho, militar durante cinco años en el ejército de África, juez suplente en su Montauban natal, Marcel Sémézies (1858-1935) dimitió de sus cargos públicos para consagrarse a la vida literaria y a los incontables viajes que nutrieron su personalidad cultural. Novelista de inspiración local en sus primeras obras, no sintió la llamada de París como hubiera sido habitual en otros intelectuales de su tiempo, y optó por hacer de Montauban el escenario de su propia vida, donde desarrollaría especulaciones filosóficas e históricas, promoviendo y participando en empresas periodísticas y mundanas, y sobre todo, tomando activa parte de la Sociedad arqueológica de Tarn y Garona, de la que sería vicepresidente y uno de sus principales conferenciantes. En su boletín sería publicada la presente recensión de su viaje a Toledo, y la siguiente, breve y precisa apreciación de la Posada de la Sangre, donde con palabras traslada las imágenes que la fotografía nos regala de aquellos oscuros tiempos. La gloria de la imaginación no era más que un mendigo miserable.
"He dicho que Cervantes había vivido en Toledo, que la había amado y descrito. Su antigua morada esta muy cerca de Zocodover, en una calle de fuerte pendiente que desciende hacia el Tajo. En nuestros días, cuando Paul Bourget o Maurice Barrès visitan una ciudad, estad seguros, que su estancia es siempre en un Palacio Hotel muy suntuoso. Más modesto, el glorioso manco de la batalla de Lepanto, Don Miguel de Cervantes de Saavedra, gentilhombre, soldado y poeta, habitaba la Posada de La Sangre. Todavía está allí, el pobre albergue, sin duda no habiendo cambiado mucho, y vale la pena verla. Yo jamás atravesé Toledo sin entrar a soñar por un instante en el pequeño patio sombrío y fresco, mal pavimentado, donde unos pilares de piedra completamente inclinados por la edad apenas sostienen una pequeña galería pintada en azul, que parece dispuesta a desmoronarse. En esta galería se alinean siete u ocho estrechas puertas de madera, cada una con un número. Estas son las alcobas. Fardos y cestos duermen por todas partes. Unas cabras se agolpan en una esquina, un asno cargado espera. En el patio se unce a tres flacas mulas a una diligencia de formas antediluvianas, verde y azul, que lleva esta inscripción: Polán a Toledo. Fue allí, en esta miseria, donde algunos capítulos de Don Quijote fueron concebidos y escritos. Es conmovedor."
Marcel Sémézies. Tolède. Bulletin archéologique historique et artistique de la Société archéologique de Tarn-et-Garonne. 1911. Págs 121 y ss.
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