domingo, 31 de mayo de 2009

Oriente en España, y en Toledo, un anticipo de África


Tal vez por una suerte de espejismo consecuencia del sol abrasador en el ferragosto toledano de 1882, o de la necesidad de tensar y relajar alternativamente los nervios visuales, el artista Robert Blum pintó también Oriente en Toledo. Germano, norteamericano e igualmente de ascendencia hebrea, no tuvo por menos que rendir sus armas ante los valores extremos que sugerían las imágenes registradas en las calles aledañas al Zocodover, donde la vida de una ciudad se demostraba a ojos vista tan extrañamente sugestiva bajo la intensa luz solar. Qué violentos contrastes podrían evocar mejor el resplandor tan cercano del Oriente imaginado, que el pasar de estrechos y sombreados callejones, con el saludo de los jardines interiores encaramados sobre sus tapias, a plazuelas batidas por una pesada cortina de luz, multiplicando el efecto de todos los detalles objetivos a la vista. Blum, a quien los catalanes de Nueva York apodaban Blumtuny, recogía en Toledo el testigo de Fortuny, en un largo mes de agosto junto a Arredondo y sus amigos, en forma de imágenes directamente elaboradas en su retina de pintor. Como esta pequeña pintura al óleo, Street Scene in Spain, evidentemente sugerida, si no realizada, en la misma calle donde el viejo revoco de la Posada de la Sangre contrasta en rojo con las azulencas sombras, donde chispea en verde la virtualidad visual del vidriado de Úbeda que la fortuniana negrita porta sobre su cabeza, donde el resplandor del sol disipa en lo alto de la cuesta los perfiles del exótico arco de herradura. Mucho más que exótica era la clave visual que proporcionaban a aquellos andurriales, los muros pintados de rojo hasta que en 1914 modernizasen su aspecto, pues modulaban la percepción, y determinaban la imagen que la Posada de la Sangre proveía a la mirada de los artistas. Oriente en España, y en Toledo, un anticipo de África.

domingo, 17 de mayo de 2009

Lionel S. Reiss, 1931, exotismo y tradición ante el Arco de la Sangre


Esta vista exterior de la Posada a través del arco de la Sangre, el original moorish arch de Zocodover, de encuentra repleta se sabor y asociaciones orientales. Muy original no parecía, sin embargo, enfocar el edificio con el ojo que la universalidad de los fotógrafos lo habían hecho: de otro modo el ángulo visual se estrechaba al descender el precipitado tramo de escalera, obligando a mirar desde una perspectiva algo forzada. Esta imagen se había hecho muy popular a través de fotos y tarjetas postales, y daba lugar a la captación de una atmósfera social y urbana abierta al paisaje sobre los pelados cerros del otro lado del río. Ante la puerta del edificio o en el tráfago por la escalera, la ausencia y concentración más o menos tupida de gentes, era como marcación horaria del ritmo vital de la ciudad. Pero sobre todo, era el sugestivo marco que recortaba la imagen, lo que introducía en su significado una determinación del modo de ver. El autor de este dibujo, el artista polaco norteamericano Lionel S. Reiss (1894-1987) lo habría entendido perfectamente. Pero tal vez no eran las connotaciones literarias del edificio, ni siquiera la vindicación de castiza sencillez castellana, coronada a su vez en declaración de monumento nacional en 1920, el verdadero interés de su mirada a través de aquel arco de herradura. Era tan evocador de oriente, que tras dibujar en las dos sinagogas, principal objeto de su peregrinación toledana, corrió al exótico shuk para contemplar aquella imagen que ya había visto y dibujado repetidamente en sus viajes por toda la Diáspora.
“When I set out on my travels in 1921, my plan was to follow the trail of the wandering Jew. My object was to make a graphic history of the Jew, first in a series of portrait studies and second, in the recording of memorable landmarks both old and new. The original plan was all-inclusive and was to take me around the world”.
En este plan, Reiss llegó a España en 1931 para encontrarse ante escenarios que como este de Toledo, le sugerían las imágenes no sólo de Jerusalén y Safed, también de Vilna, Lublin o la misma Varsovia. ¿Exotismo o tradición? Sin duda es la tradición lo que este artista trataba de hallar en esta vista al través del oriental diafragma visual del arco de la Sangre. Una tradición soterrada tras siglos de intolerancia y fanatismo que había sido capaz de cambiar hasta los significados a las formas en que aquélla se hubiera manifestado. Al final, para ojos que habían visto el mundo, de visita en la recién nacida República Española, una república que pugnaba por desterrar aquellos fantasmas, Toledo se desvelaba tan exótica como de ella se esperaba.

sábado, 9 de mayo de 2009

Charles Wood, Henry Brewer y las imágenes de Alguacil


Una prueba más de la trascendencia de Alguacil para el conocimiento contemporáneo de Toledo y su iconografía. Charles William Wood escribió en 1895 sus recuerdos del viaje realizado junto con el dibujante y grabador Henry Charles Brewer. Estas memorias aparecieron en dos partes, la primera con el título The Romance of Spain, en 1900, acompañada de los diseños en que Brewer enfatizaba en clave pintoresca, imágenes procedentes de fuentes las más veces fotográficas, y realizados especialmente para la obra de Wood según sus críticos. La misma editorial Macmillan, comercializaría una segunda parte, con el itinerario seguido por ambos viajeros en Cataluña y Valencia, titulada The Glories of Spain. Hijo de la escritora “gótica” Ellen Price Wood (Mrs. Henry Wood), era director de la revista de literatura y viajes Argosy, heredada de su madre, donde en 1888 Charles ya había publicado sus Letters from Majorca, una importante contribución repleta de inspiraciones románticas, sobre Valldemosa y sus ilustres huéspedes Chopin y George Sand. Por su parte Brewer, nacido en 1866 – su padre fue el pintor Henry William Brewer – nutre por los años de este y otros viajes junto a Wood sus primeros envíos a la exposición de la Royal Academy. En Toledo, mientras Wood rinde un pequeño homenaje al recuerdo de Cervantes contemplando los escenarios originales que en el entorno de Zodocover evocan su figura, Brewer convierte en bosquejos del recuerdo las netas imágenes de los fotógrafos. Nuevamente la vieja fotografía de Alguacil palpita bajo los esbozos de artistas y viajeros. En la Posada de la Sangre, y en el adjunto arco moro, visitan una antigüedad desclasificada, mantenida en pie como un castillo de naipes a punto de desmoronarse, que se ofrece en tiempo real al paseante:

“We stood in the centre of the square, admiring its picturesque irregularity and ancient arcades. It is historically romantic, often mentioned by Cervantes in "Don Quixote," and here the great writer lived for a time. The house he inhabited under the arcades was an inn, and is one still, and its courtyard is one of the most charming bits in Toledo.
A large square court, with doors opening on all sides: one the kitchen, another a drinking-room ; a wide, fine old staircase leading to the upper floors, where an open passage ran round. Pillars upheld an open corridor above, protected by a wooden balustrade, over which Cervantes himself must have leant and thought out many a chapter in his great work. Above this again smaller pillars supported the old tiled roof which slanted upwards. Ancient wooden rafters, great beams black with age, formed the ceiling supporting the upper corridor ; all delightfully old, centuries old, taking one back at once to the Middle Ages; everything, as it seemed, ready to fall to pieces and pass away".