domingo, 17 de mayo de 2009

Lionel S. Reiss, 1931, exotismo y tradición ante el Arco de la Sangre


Esta vista exterior de la Posada a través del arco de la Sangre, el original moorish arch de Zocodover, de encuentra repleta se sabor y asociaciones orientales. Muy original no parecía, sin embargo, enfocar el edificio con el ojo que la universalidad de los fotógrafos lo habían hecho: de otro modo el ángulo visual se estrechaba al descender el precipitado tramo de escalera, obligando a mirar desde una perspectiva algo forzada. Esta imagen se había hecho muy popular a través de fotos y tarjetas postales, y daba lugar a la captación de una atmósfera social y urbana abierta al paisaje sobre los pelados cerros del otro lado del río. Ante la puerta del edificio o en el tráfago por la escalera, la ausencia y concentración más o menos tupida de gentes, era como marcación horaria del ritmo vital de la ciudad. Pero sobre todo, era el sugestivo marco que recortaba la imagen, lo que introducía en su significado una determinación del modo de ver. El autor de este dibujo, el artista polaco norteamericano Lionel S. Reiss (1894-1987) lo habría entendido perfectamente. Pero tal vez no eran las connotaciones literarias del edificio, ni siquiera la vindicación de castiza sencillez castellana, coronada a su vez en declaración de monumento nacional en 1920, el verdadero interés de su mirada a través de aquel arco de herradura. Era tan evocador de oriente, que tras dibujar en las dos sinagogas, principal objeto de su peregrinación toledana, corrió al exótico shuk para contemplar aquella imagen que ya había visto y dibujado repetidamente en sus viajes por toda la Diáspora.
“When I set out on my travels in 1921, my plan was to follow the trail of the wandering Jew. My object was to make a graphic history of the Jew, first in a series of portrait studies and second, in the recording of memorable landmarks both old and new. The original plan was all-inclusive and was to take me around the world”.
En este plan, Reiss llegó a España en 1931 para encontrarse ante escenarios que como este de Toledo, le sugerían las imágenes no sólo de Jerusalén y Safed, también de Vilna, Lublin o la misma Varsovia. ¿Exotismo o tradición? Sin duda es la tradición lo que este artista trataba de hallar en esta vista al través del oriental diafragma visual del arco de la Sangre. Una tradición soterrada tras siglos de intolerancia y fanatismo que había sido capaz de cambiar hasta los significados a las formas en que aquélla se hubiera manifestado. Al final, para ojos que habían visto el mundo, de visita en la recién nacida República Española, una república que pugnaba por desterrar aquellos fantasmas, Toledo se desvelaba tan exótica como de ella se esperaba.

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