domingo, 3 de julio de 2011

Georges Lecomte en la Posada de la Sangre, 1896.


Cuando se abandona la España Negra, la primera ciudad donde la alegría y la vida comienzan a resplandecer es Toledo. Una ciudad donde el pueblo protagoniza las imágenes con toda la voluptuosidad de la antigüedad concentrada en costumbres y escenarios de ruinas intactas. Una ciudad enrojecida bajo el azul profundo, que engulle la veloz carrera del largo tiro de mulas a través de una puerta dorada. Grupos de asnos con sus sabios y estoicos conductores ascienden pesadamente las difíciles pendientes, hundiéndose en la masa de arquitecturas a través de estrechos y misteriosos pasajes, parecen confluir en la posada, semejante al centro motor de la vida antigua y presente de Toledo.

"...los asnos penetran bajo un portal. Es la entrada a una posada. En el muro, un letrero avisa que Cervantes escribió allí una parte de Don Quijote. En efecto, estamos tentados de creer que él nos la ha descrito. Es en todo parecida a las bastas ventas donde sus héroes fanfarronean y son manteados.
Imaginad un patio interior entre muros deteriorados y negros. Las mulas, los asnos piafan, rebuznan, tiran de la correa que les ata a los pilares de una galería circular bajo la cual unos campesinos, abatidos en sus fatigadas poses, duermen, comen o sueñan despiertos acechando alguna ganga. Hay que pasar por encima de los detritos, de los montones de paja sucia. Sobre este suelo viscoso, el ir y venir de gente es incesante. Aquí, una cuadra cuyas profundidades están llenas de tinieblas. Esta noche, se escuchan los relinchos, las coces, los juramentos, los choques de los arreos y las cadenas. Allí, el albergue donde unos puercos se exaltan en torno a las cacerolas. Más lejos, una escalera carcomida conduce a los dormitorios del piso, cuchitriles sofocantes y pestilentes, no menos sórdidos que la habitación en que el arriero de Cervantes esperaba, sobreexcitado, a la sensual Maritornes. ¡Qué carácter tiene este hormigueo de gentes en el patio infecto, bajo esas galerías en ruinas! Es un aspecto, todavía intacto, de la vieja España, que informa sobre la vida de los campesinos, de los vagabundos y de los arrieros. A continuación, cuando los encontramos en las callejas, parece que los conocemos mejor.
Sabemos dónde van a parar y a reposar sus bestias. Y por el aspecto de su posada, imaginamos cómo pueden ser sus moradas y su vida en ellas".

Georges Lecomte. Espagne. Paris. Bibliothèque Charpentier. 1896.

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