sábado, 28 de febrero de 2009

Mórbida y decadente mixtura de miseria y belleza

Camille Mauclair termina de escribir su libro sobre la áspera y espléndida España, pocos días antes del 14 de abril de 1931. Su viaje ha tenido en Zumaya y en Toledo dos estancias esenciales, y como fuera también para Maurice Barrès, en Zuloaga y El Greco – al que dedica una monografía también entonces, editada por Henri Laurens. En Toledo, El Greco, una cima espiritual. Y nada más material que la desvencijada posada, sus toscos maderámenes, el guijarroso pavimento del patio, las fornidas columnas, su olor a cocina y a viejo, los carruajes, el forraje de los animales, para sugerir lo sublime del espíritu y ver de veras lo imaginado. Sugestionado por Zuloaga, reconoce asociaciones que no se comprueban, porque la imaginación las establece. Es el vientre de la ciudad que se eleva a las elevadas regiones del espíritu, y su pueblo, imagen de los dioses del olimpo literario castellano, símbolo de la ciudad misma, mórbida y decadente mixtura de miseria y belleza. “Toledo, Ciudad museo de España”, fue el lema que en 1929 cruzó el Atlántico apelando al interés por la ciudad, de aquel naciente museo de todo el mundo, que ya era América. Un patio de posada, en cambio, sintetizaba de Toledo los valores extremos.

« Sous l’arc du Zocodover, dans une rue à pente rapide, j’ai cherché le logis de Cervantes. C’est la « Posada de la Sangre ». Je crois bien qu’est elle qu’a copiée Ignacio Zuloaga lorsqu’on lui a demandé, à l’Opera-Comique, le décor du Retable de Manuel de Falla. C’est une cour intérieure assez puante, encombrée de carrioles, de sacs, de fourrages : de pauvres chambres s’ouvrent sur un balcon grossier que fait le tour du premier et unique étage. J’ai vu la Maritorne accrocher sa lessive et Sancho donner la pitance à son âne et à Rossinante. Là a séjournée le plus grand génie littéraire de l’Espagne et un prince de l’esprit : là il habitait avec le fantôme immortel de ce Quixote par lui créé et le suivant partout. Et ce mélange de misère et de beauté m’a paru être le symbole de Tolède elle-même. « Ville-musée », disent les affiches du tourisme, qui ne mentent pas : mais ville de pauvreté, de silence, où l’on passe inconnu et paisible, où l’on est loin de tout, où l’on peut déambuler avec les rêves, s’affranchir du temps, s’identifier à un âge disparu, scruter de successives énigmes… » [88-89]

jueves, 26 de febrero de 2009

Lionel Lindsay (1874-1961) y la llamada de España


En 1926 el dibujante y grabador australiano Lionel Lindsay visitaba nuevamente España, país cuyo recuerdo había nutrido su imaginación durante casi cuarto de siglo, desde que en 1902 verificase su primer viaje a esta tierra de promisión para los artistas. Ahora regresa para hacerse con un copioso almacén de sensaciones visuales, hallando en Toledo una mina a cielo abierto. La vida y el arte son allí un caleidoscópico despliegue de imágenes superpuestas, y el viejo patio de la Posada de la Sangre un lugar donde el tiempo detenido permite ponderar de un vistazo el pasado y el presente.

Lugares comunes y rasgos de la iconografía española. El trabajo de dibujar discretamente en la calle o en el café. Siguiendo el consejo de Zola, Lindsay trata de hacerse con el mayor volumen de información visual posible sobre la vida en las ciudades y pueblos de España. Tratos en el mercado, tipos familiares españoles, etc. “Nunca he olvidado este consejo, y allá donde fuera en España y localizase algo distintivo, al instante hacía una nota o esbozo para retener su inmediatez. Tales memorandums son de un valor incalculable para el artista, al objeto de poblar su obra con auténtico carácter, y yo he hecho mi propia norma de nunca introducir una figura en mi obra que no haya esbozado”. El artista debe trabajar rápido y discreto, ocultar incluso el cuaderno en el bolsillo mientras dibuja a ciegas. Están los estudios de burros, los carros de los arrieros, los preferidos de Lindsay, a quien Harold Wright apodaba “donkey Lindsay”, el burro que Azorín señalaba, según cita Lindsay, típico y consubstancial a España, con sus orientales arneses, además de los aguadores, las mujeres con los cántaros, la vida social en torno a las fuentes, especialmente en Toledo y Cáceres, una milla de cuesta para llegar a la fuente del agua más pura, “llevando los pesados cántaros sobre sus cabezas, lo que ciertamente mejora con una carretilla, pero que es tarea dura con el calor del verano, Y aún así pienso que lo prefieren al agua de las tuberías, por cuanto la fuente es el centro de toda la charla, donde chicas y mujeres pueden demorarse todo el tiempo charlando, como hacen cuando lavan ropa en el río. Es siempre una escena alegre y animada con las mujeres manteniendo sus cántaros en el borde del pilón para ser llenados por caños desde lo alto de la columna central, mientras los burros beben del agua que rebosa del vaso. Los que pueden permitírselo mandan al chico de la casa en un burro que acarrea cuatro grandes cántaros en un bastidor de mimbre, con el chico en lo alto: todo esto es grano para el molino del artista”.

Los valores de la variabilidad material del escenario, de la azarosa búsqueda pintoresca, se mantienen en la mentalidad del artista como si pese a todo, éste se mantuviera como en el pasado, contemplando asomado a un alienado mirador. Stewart Dick hubiera considerado esta necesaria búsqueda como un rasgo esencial de lo pintoresco de la ciudad: los artistas han adaptado la vieja fórmula del viaje pintoresco a la nueva actitud que debiera ser más libre en sus referencias, y es más condicionada por las circunstancias, pero queda un fondo importante, de hábitos sugeridos desde siempre por el escenario y asociados a los placeres de la imaginación. “De España como paraíso del aguafortista, tengo necesariamente que hablar con prejuicio... El dibujo cuidado no ayudará aquí al más diestro, si no tiene el sentimiento del país, transferido inconscientemente a su obra por simpatía o por entendimiento”, afirma Lindsay. Dick había advertido que aquel escenario no pertenecía “a ningún estilo de arquitectura, sino a lo pintoresco”, y sujeto a “los cambiantes efectos de luz y sombra, las brillantes armonías de color”: diluirse el objeto en sus circunstancias, la ciudad en el campo, los edificios en su atmósfera, como lo viera el mismo Beruete. Para el aguafortista, asumido este elemento de luces y sombras sobre las ruinas, resulta un excelente campo de operaciones:

“La principal atracción es la ausencia de formalidad... ese asimétrico emplazamiento de las ventanas y balcones en los muros españoles que auxilia al aguafortista en la variedad de diseño... Concentrando su atención en los espacios de luz íntegros el aguafortista puede utilizar las entonadas sombras para centrar su foco de interés, y encontrar juego para su punta en las desmoronadas piedras talladas de las soberbias portadas españolas, y las rejas de hierro nunca superadas por ningún herrero en el mundo. Luego están las torres supervivientes, palacios en decadencia con sus portadas desintegrándose lentamente, la magnificencia de los monasterios abandonados con sus cipreses centenarios y descuidados jardines, y los grandes castillos dominando el paisaje, desolado y siniestro. La variedad de materiales es inagotable”

domingo, 22 de febrero de 2009

L'Auberge du Sang

L’Auberge de la Sangre, à Tolède (Magasin Pittoresque, Tomo XLVIII, octubre 1880, nº 44) "L’auberge du sang ! triste enseigne, et peu faite, ce semble, pour tenter le voyageur. Cette auberge est à Tolède, près d’une ancienne porte moresque appelée la puerta de la Sangre, la porte su Sang. Ce nom vient-il du Christ qui surmonte la porte, ou bien s’est-il passé là quelque tragédie depuis longtemps oubliée ?
Quoi qu’il en soit, le voyageur qui va franchir la seuil de l’auberge peut lire l’inscription suivante : Este fue el mesón del Sevillano
Donde según la tradición y la crítica
Escribió la Ilustre Fregona el mayor de los ingenios españoles
Miguel de Cervantes Saavedra
A cuya buena memoria
Consagra un recuerdo la gratitud de los Toledanos
El dia 23 de abril de 1872,
Aniversario de su muerte.
Le patio (cour intérieure) est plein de monde. Des muletiers vont et viennent : les uns déchargent leurs mules, d’autres mesurent les rations d’avoine dans les paniers semblables à ceux dont on se sert encore aujourd’hui. Sur un banc, deux ou trois voyageurs causent à voix basse. Près d’eux, une femme allaite son enfant. Dans un coin, un archer de la Santa-Hermandad surveille tout ce monde. Tout à coup la grande porte s’ouvre : don Quichotte et Sancho entrent dans l’auberge".

Las chicas de arriba pudieran ser las jóvenes que atendían el servicio habitual de la antigua posada, que además de ser un memento de interés para turistas y viajeros, honrado por la asociación cervantina oficialmente inscrita sobre la puerta principal, era un centro especialmente activo los días de mercado. Tal vez no daba el tono que hubiera necesitado un acomodado burgués para alojarse, y cerca se encontraban otros hoteles como el Imperial o el Castilla, repletos con frecuencia de turistas americanos. Pero la posada valía su visita. Sus imágenes entraban a formar parte de la memoria del viaje, relatada mediante las impresiones visuales de una Kodak. Un turista fotografiaría a estas doncellas en 1901, poco antes de que Joseph Pennell también dibujase este patio, "The inn of Cervantes" entre numerosas vistas de Toledo y Castilla.
Este dibujo al carboncillo, existente en el Instituto de Arte de Chicago fue realizado por Pennell para las ediciones que en Boston y Londres verían la luz, en 1903 por Houghton Mifflin y Heinemann respectivamente, del viejo libro del diplomático John Hay, "Castilian Days", de 1871. Hay había sido asistente de Abraham Lincoln en la Casa Blanca, y destinado en 1869 en la legación americana en Madrid, trazó en sus impresiones españolas, una intensa caracterización del presente y el pasado de España a través de la capital y las antiguas ciudades castellanas. Más de treinta años después de ser escritas, Pennell reescribió en imágenes las palabras de Hay. Tanto más, la crítica de 1903 alabó la cualidad intercomunicante de los textos de Hay y los dibujos de Pennell. En el corazón de una ciudad letárgica, el viajero capta su imagen suavemente balanceada entre la severidad y dureza de su atmósfera visual y los destellos de vida que aún alberga. Pues las imágenes que nuestro patio provee son inalterables. Lo mismo en 1903 que en 1901 o en 1880, como el dibujo de Emile Laborne xilografiado en el Magasin Pittoresque, pertenece orgánicamente a la vida, que en Toledo se confunde tan fácilmente con el arte.

Silencio en el Patio

Dos pequeñas columnas de piedra mantienen en el aire una proporcionalmente gigantesca estructura de madera en el viejo patio de la posada. Dos pequeñas y hercúleas columnas de musculados capiteles sobre las que se ordenan los pisos del bello patio. ¿Qué fue de aquel momento en que el fotógrafo inmortalizó el polémico contraste estructural? Sólo dos o tres años después de haber sido desalojado el escenario de huéspedes y transeúntes para la ocasión de ser retratado, saltaría por los aires, aventado por una tempestad de pólvora y metralla, como un castillo de papel. Es la melancólica Posada de la Sangre, de Toledo.