Camille Mauclair termina de escribir su libro sobre la áspera y espléndida España, pocos días antes del 14 de abril de 1931. Su viaje ha tenido en Zumaya y en Toledo dos estancias esenciales, y como fuera también para Maurice Barrès, en Zuloaga y El Greco – al que dedica una monografía también entonces, editada por Henri Laurens. En Toledo, El Greco, una cima espiritual. Y nada más material que la desvencijada posada, sus toscos maderámenes, el guijarroso pavimento del patio, las fornidas columnas, su olor a cocina y a viejo, los carruajes, el forraje de los animales, para sugerir lo sublime del espíritu y ver de veras lo imaginado. Sugestionado por Zuloaga, reconoce asociaciones que no se comprueban, porque la imaginación las establece. Es el vientre de la ciudad que se eleva a las elevadas regiones del espíritu, y su pueblo, imagen de los dioses del olimpo literario castellano, símbolo de la ciudad misma, mórbida y decadente mixtura de miseria y belleza. “Toledo, Ciudad museo de España”, fue el lema que en 1929 cruzó el Atlántico apelando al interés por la ciudad, de aquel naciente museo de todo el mundo, que ya era América. Un patio de posada, en cambio, sintetizaba de Toledo los valores extremos.« Sous l’arc du Zocodover, dans une rue à pente rapide, j’ai cherché le logis de Cervantes. C’est la « Posada de la Sangre ». Je crois bien qu’est elle qu’a copiée Ignacio Zuloaga lorsqu’on lui a demandé, à l’Opera-Comique, le décor du Retable de Manuel de Falla. C’est une cour intérieure assez puante, encombrée de carrioles, de sacs, de fourrages : de pauvres chambres s’ouvrent sur un balcon grossier que fait le tour du premier et unique étage. J’ai vu la Maritorne accrocher sa lessive et Sancho donner la pitance à son âne et à Rossinante. Là a séjournée le plus grand génie littéraire de l’Espagne et un prince de l’esprit : là il habitait avec le fantôme immortel de ce Quixote par lui créé et le suivant partout. Et ce mélange de misère et de beauté m’a paru être le symbole de Tolède elle-même. « Ville-musée », disent les affiches du tourisme, qui ne mentent pas : mais ville de pauvreté, de silence, où l’on passe inconnu et paisible, où l’on est loin de tout, où l’on peut déambuler avec les rêves, s’affranchir du temps, s’identifier à un âge disparu, scruter de successives énigmes… » [88-89]
No hay comentarios:
Publicar un comentario