L’Auberge de la Sangre, à Tolède (Magasin Pittoresque, Tomo XLVIII, octubre 1880, nº 44)
"L’auberge du sang ! triste enseigne, et peu faite, ce semble, pour tenter le voyageur. Cette auberge est à Tolède, près d’une ancienne porte moresque appelée la puerta de la Sangre, la porte su Sang. Ce nom vient-il du Christ qui surmonte la porte, ou bien s’est-il passé là quelque tragédie depuis longtemps oubliée ?
Quoi qu’il en soit, le voyageur qui va franchir la seuil de l’auberge peut lire l’inscription suivante : Este fue el mesón del Sevillano
Donde según la tradición y la crítica
Escribió la Ilustre Fregona el mayor de los ingenios españoles
Miguel de Cervantes Saavedra
A cuya buena memoria
Consagra un recuerdo la gratitud de los Toledanos
El dia 23 de abril de 1872,
Aniversario de su muerte.
Le patio (cour intérieure) est plein de monde. Des muletiers vont et viennent : les uns déchargent leurs mules, d’autres mesurent les rations d’avoine dans les paniers semblables à ceux dont on se sert encore aujourd’hui. Sur un banc, deux ou trois voyageurs causent à voix basse. Près d’eux, une femme allaite son enfant. Dans un coin, un archer de la Santa-Hermandad surveille tout ce monde. Tout à coup la grande porte s’ouvre : don Quichotte et Sancho entrent dans l’auberge".
Las chicas de arriba pudieran ser las jóvenes que atendían el servicio habitual de la antigua posada, que además de ser un memento de interés para turistas y viajeros, honrado por la asociación cervantina oficialmente inscrita sobre la puerta principal, era un centro especialmente activo los días de mercado. Tal vez no daba el tono que hubiera necesitado un acomodado burgués para alojarse, y cerca se encontraban otros hoteles como el Imperial o el Castilla, repletos con frecuencia de turistas americanos. Pero la posada valía su visita. Sus imágenes entraban a formar parte de la memoria del viaje, relatada mediante las impresiones visuales de una Kodak. Un turista fotografiaría a estas doncellas en 1901, poco antes de que Joseph Pennell también dibujase este patio, "The inn of Cervantes" entre numerosas vistas de Toledo y Castilla.
Este dibujo al carboncillo, existente en el Instituto de Arte de Chicago fue realizado por Pennell para las ediciones que en Boston y Londres verían la luz, en 1903 por Houghton Mifflin y Heinemann respectivamente, del viejo libro del diplomático John Hay, "Castilian Days", de 1871. Hay había sido asistente de Abraham Lincoln en la Casa Blanca, y destinado en 1869 en la legación americana en Madrid, trazó en sus impresiones españolas, una intensa caracterización del presente y el pasado de España a través de la capital y las antiguas ciudades castellanas. Más de treinta años después de ser escritas, Pennell reescribió en imágenes las palabras de Hay. Tanto más, la crítica de 1903 alabó la cualidad intercomunicante de los textos de Hay y los dibujos de Pennell. En el corazón de una ciudad letárgica, el viajero capta su imagen suavemente balanceada entre la severidad y dureza de su atmósfera visual y los destellos de vida que aún alberga. Pues las imágenes que nuestro patio provee son inalterables. Lo mismo en 1903 que en 1901 o en 1880, como el dibujo de Emile Laborne xilografiado en el Magasin Pittoresque, pertenece orgánicamente a la vida, que en Toledo se confunde tan fácilmente con el arte.
"L’auberge du sang ! triste enseigne, et peu faite, ce semble, pour tenter le voyageur. Cette auberge est à Tolède, près d’une ancienne porte moresque appelée la puerta de la Sangre, la porte su Sang. Ce nom vient-il du Christ qui surmonte la porte, ou bien s’est-il passé là quelque tragédie depuis longtemps oubliée ?Quoi qu’il en soit, le voyageur qui va franchir la seuil de l’auberge peut lire l’inscription suivante : Este fue el mesón del Sevillano
Donde según la tradición y la crítica
Escribió la Ilustre Fregona el mayor de los ingenios españoles
Miguel de Cervantes Saavedra
A cuya buena memoria
Consagra un recuerdo la gratitud de los Toledanos
El dia 23 de abril de 1872,
Aniversario de su muerte.
Le patio (cour intérieure) est plein de monde. Des muletiers vont et viennent : les uns déchargent leurs mules, d’autres mesurent les rations d’avoine dans les paniers semblables à ceux dont on se sert encore aujourd’hui. Sur un banc, deux ou trois voyageurs causent à voix basse. Près d’eux, une femme allaite son enfant. Dans un coin, un archer de la Santa-Hermandad surveille tout ce monde. Tout à coup la grande porte s’ouvre : don Quichotte et Sancho entrent dans l’auberge".
Las chicas de arriba pudieran ser las jóvenes que atendían el servicio habitual de la antigua posada, que además de ser un memento de interés para turistas y viajeros, honrado por la asociación cervantina oficialmente inscrita sobre la puerta principal, era un centro especialmente activo los días de mercado. Tal vez no daba el tono que hubiera necesitado un acomodado burgués para alojarse, y cerca se encontraban otros hoteles como el Imperial o el Castilla, repletos con frecuencia de turistas americanos. Pero la posada valía su visita. Sus imágenes entraban a formar parte de la memoria del viaje, relatada mediante las impresiones visuales de una Kodak. Un turista fotografiaría a estas doncellas en 1901, poco antes de que Joseph Pennell también dibujase este patio, "The inn of Cervantes" entre numerosas vistas de Toledo y Castilla.
Este dibujo al carboncillo, existente en el Instituto de Arte de Chicago fue realizado por Pennell para las ediciones que en Boston y Londres verían la luz, en 1903 por Houghton Mifflin y Heinemann respectivamente, del viejo libro del diplomático John Hay, "Castilian Days", de 1871. Hay había sido asistente de Abraham Lincoln en la Casa Blanca, y destinado en 1869 en la legación americana en Madrid, trazó en sus impresiones españolas, una intensa caracterización del presente y el pasado de España a través de la capital y las antiguas ciudades castellanas. Más de treinta años después de ser escritas, Pennell reescribió en imágenes las palabras de Hay. Tanto más, la crítica de 1903 alabó la cualidad intercomunicante de los textos de Hay y los dibujos de Pennell. En el corazón de una ciudad letárgica, el viajero capta su imagen suavemente balanceada entre la severidad y dureza de su atmósfera visual y los destellos de vida que aún alberga. Pues las imágenes que nuestro patio provee son inalterables. Lo mismo en 1903 que en 1901 o en 1880, como el dibujo de Emile Laborne xilografiado en el Magasin Pittoresque, pertenece orgánicamente a la vida, que en Toledo se confunde tan fácilmente con el arte.
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